
Fue hace ya algunos días. Mi primo, que fue al entierro allá en Colombia, me contó como fue.
Mauricio tendría, calculo yo 25 años, tres menos que yo. Recuerdo cuando lo conocí, era un bebé, yo también. Mauricio nació con un INRI sobre su cabeza, era hijo del ladrón del barrio, por que en esa época, al ladrón del barrio lo conocían todos. Vivía diagonal a mi casa y uno hasta lo saludaba, con cierto miedo, pero lo saludaba. El “monopolicía” le decíamos.
Yo jugaba con Mauricio, aunque poco, por que a él, el fútbol no le gustaba mucho, y el resto de los niños de la cuadra no queríamos jugar sino eso. Además desde muy joven Mauricio pasaba mucho tiempo con su padre, y como muchos, incluido yo que soy Contador Público como mi padre, Mauricio también siguió los pasos de su progenitor.
A sus diez años, a ninguno nos quedaba duda que él ya era un aventajado en el arte del robo, sin embargo, nunca desconfiamos de Mauricio, por lo menos los pequeños, lo sabíamos nuestro amigo y, que yo recuerde, jamás el traicionó esa amistad.
Pasó el tiempo y cuando despuntaban sus trece años, Mauricio recibió la prueba mas dura de su vida, a su padre y a su madre los asesinaron en la madrugada mientras dormían en la calle escondidos en la parte de atrás de una escuela, dijeron que fueron policías, como era la época de la inhumana y maldita “limpieza social” nadie lo dudo. Yo no vi a nadie, solo la sangre que había en las paredes y en el piso de ese lugar.
De ahí para allá, yo perdí contacto con Mauricio. Empecé a estudiar en una universidad jesuita en Cali y esto me alejó de Palmira un poco. Solo sabía de Mauricio por lo que me contaba mi tía, ella me decía que él cada vez se metía más en el mundo de la droga y del alcohol y que vivía ahora en la calle. A mi eso me pareció lo mas natural, su pasado hacia prever su futuro, me limité siempre a preguntar que hacía la familia, mi tía me dijo que la familia al principio lo ayudó, luego se cansó. Yo, criticaba apelando a la canción de Rubén Blades que dice “Y por mas drogas que uses y por mas que las abuses, la familia y yo tenemos que atenderte”, como no me di cuenta que yo era parte de la familia.

A Mauricio lo vi por última vez en el año 2004, en diciembre, caminaba por las calles de mi antiguo barrio tratando de recordar las imágenes de mi niñez… y lo vi., estaba sentado exactamente en la acera que daba al frente de la casa de su familia, me dijo que solo lo dejaban acercarse hasta allí, su aspecto, inequívoco de una persona que vive en la calle y en la droga, me dio el resto de la explicación. Me pidió dinero, yo que trabajaba en aquel entonces en una multinacional extranjera, saque mi billetera y le di diez mil pesos, diez mil pesos... en que los usarías Mauricio?...
Durante los tres años siguientes, seguí llenándome de trabajo y viajando de vez en cuando por Colombia. Entre tanto Mauricio se hundía más y mis bolsillos se llenaban mas… era un ejecutivo, me daba el “lujo” de salir y tomar y comer y así derrochar el dinero. Lo demás no era importante, estaba logrando mi sueño.
Fue hace ya algunos días, mi primo que fue al entierro allá en Colombia me contó como fue. Otro habitante de las calles de Palmira lo mató. Quien sabe por que? Que importa eso ya.
Mauricio… Perdóname, no fui ni siquiera un poco inteligente para darme cuenta de tu grito pidiendo ayuda… y yo siempre criticando la falta de humanidad en los demás y tu muriéndote al frente mío y no me di cuenta. Perdóname Señor, si no fui capaz de ser solidario con mi amigo de infancia y lo abandoné como todo el mundo, a pesar de ser un ejecutivo y tener el dinero para socorrerlo, no hice nada. De que me sirve reclamar solidaridad, mas fe, mas justicia, si yo no la tuve.
Mauricio perdóname, Señor abrázalo tú contra tu pecho, nosotros no pudimos o no quisimos, como siempre pasa en este mundo, me llegó el arrepentimiento cuando ya no hay nada que hacer. Señor perdóname… no he de ser mas indiferente frente al sufrimiento ajeno, que es el mío.
Mauricio hasta siempre… Espero ser digno de algún día reunirme nuevamente contigo y entonces espero me hayas perdonado.
Mauricio tendría, calculo yo 25 años, tres menos que yo. Recuerdo cuando lo conocí, era un bebé, yo también. Mauricio nació con un INRI sobre su cabeza, era hijo del ladrón del barrio, por que en esa época, al ladrón del barrio lo conocían todos. Vivía diagonal a mi casa y uno hasta lo saludaba, con cierto miedo, pero lo saludaba. El “monopolicía” le decíamos.
Yo jugaba con Mauricio, aunque poco, por que a él, el fútbol no le gustaba mucho, y el resto de los niños de la cuadra no queríamos jugar sino eso. Además desde muy joven Mauricio pasaba mucho tiempo con su padre, y como muchos, incluido yo que soy Contador Público como mi padre, Mauricio también siguió los pasos de su progenitor.
A sus diez años, a ninguno nos quedaba duda que él ya era un aventajado en el arte del robo, sin embargo, nunca desconfiamos de Mauricio, por lo menos los pequeños, lo sabíamos nuestro amigo y, que yo recuerde, jamás el traicionó esa amistad.
Pasó el tiempo y cuando despuntaban sus trece años, Mauricio recibió la prueba mas dura de su vida, a su padre y a su madre los asesinaron en la madrugada mientras dormían en la calle escondidos en la parte de atrás de una escuela, dijeron que fueron policías, como era la época de la inhumana y maldita “limpieza social” nadie lo dudo. Yo no vi a nadie, solo la sangre que había en las paredes y en el piso de ese lugar.
De ahí para allá, yo perdí contacto con Mauricio. Empecé a estudiar en una universidad jesuita en Cali y esto me alejó de Palmira un poco. Solo sabía de Mauricio por lo que me contaba mi tía, ella me decía que él cada vez se metía más en el mundo de la droga y del alcohol y que vivía ahora en la calle. A mi eso me pareció lo mas natural, su pasado hacia prever su futuro, me limité siempre a preguntar que hacía la familia, mi tía me dijo que la familia al principio lo ayudó, luego se cansó. Yo, criticaba apelando a la canción de Rubén Blades que dice “Y por mas drogas que uses y por mas que las abuses, la familia y yo tenemos que atenderte”, como no me di cuenta que yo era parte de la familia.

A Mauricio lo vi por última vez en el año 2004, en diciembre, caminaba por las calles de mi antiguo barrio tratando de recordar las imágenes de mi niñez… y lo vi., estaba sentado exactamente en la acera que daba al frente de la casa de su familia, me dijo que solo lo dejaban acercarse hasta allí, su aspecto, inequívoco de una persona que vive en la calle y en la droga, me dio el resto de la explicación. Me pidió dinero, yo que trabajaba en aquel entonces en una multinacional extranjera, saque mi billetera y le di diez mil pesos, diez mil pesos... en que los usarías Mauricio?...
Durante los tres años siguientes, seguí llenándome de trabajo y viajando de vez en cuando por Colombia. Entre tanto Mauricio se hundía más y mis bolsillos se llenaban mas… era un ejecutivo, me daba el “lujo” de salir y tomar y comer y así derrochar el dinero. Lo demás no era importante, estaba logrando mi sueño.
Fue hace ya algunos días, mi primo que fue al entierro allá en Colombia me contó como fue. Otro habitante de las calles de Palmira lo mató. Quien sabe por que? Que importa eso ya.
Mauricio… Perdóname, no fui ni siquiera un poco inteligente para darme cuenta de tu grito pidiendo ayuda… y yo siempre criticando la falta de humanidad en los demás y tu muriéndote al frente mío y no me di cuenta. Perdóname Señor, si no fui capaz de ser solidario con mi amigo de infancia y lo abandoné como todo el mundo, a pesar de ser un ejecutivo y tener el dinero para socorrerlo, no hice nada. De que me sirve reclamar solidaridad, mas fe, mas justicia, si yo no la tuve.
Mauricio perdóname, Señor abrázalo tú contra tu pecho, nosotros no pudimos o no quisimos, como siempre pasa en este mundo, me llegó el arrepentimiento cuando ya no hay nada que hacer. Señor perdóname… no he de ser mas indiferente frente al sufrimiento ajeno, que es el mío.
Mauricio hasta siempre… Espero ser digno de algún día reunirme nuevamente contigo y entonces espero me hayas perdonado.
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